miércoles, 4 de julio de 2018

CREER

En un libro de Jorge Valdano encontré una máxima que me impactó particularmente: “el entrenador de fútbol debe ser ante todo un buen seductor”. Una persona que seduce es la que enamora por lo que hace, por sus ideas, por su comportamiento y aún más por sus convicciones. Más que la enseñanza de una buena estrategia de juego, el futbolista necesita estar convencido de que esa estrategia es la mejor, que es la estrategia ganadora y que vale la pena dedicar todo el esfuerzo a ejecutarla para conseguir los resultados propuestos. 

Siendo conocedor de todos los avatares que tiene esto del fútbol y sobre todo cuando se habla de la forma de trabajar de un director técnico de una selección nacional, soy consciente de las muchas cosas que se pueden decir de un entrenador de un país. Se dice, entre otras cosas, que no entrena bien, que solo lo salva la calidad de sus jugadores, que blinda la selección innecesariamente para que sus dirigidos no tengan ningún contacto con algún ser terrenal, que dispone el equipo muy mal tácticamente, que debería trabajar más y tener un trato diferente con los medios de comunicación, que no concede entrevistas y mantiene a los jugadores concentrados lejos del ojo de los comunicadores, hasta se cuestiona la alineación de algunos jugadores. La mayoría de nosotros tenemos la mala costumbre de creernos los que más sabemos del trabajo de la selección sin tener el menor conocimiento de lo que es siquiera un equipo de fútbol. Se nos llena la boca hablando sobre cómo se debe trabajar y cuál debe ser su método.

De José Pekerman valoro su trabajo desde los resultados que son altamente positivos, el solo hecho de clasificarnos a dos mundiales consecutivamente ya lo es, aun así, lo que más aprecio es su relación con este grupo al cual forjó y formó a su manera convirtiéndolos en lo que hoy son: el mayor orgullo de todos los colombianos. Los hizo hombres de bien y dignos de ser emulados por la juventud de este país. Pekerman es un buen seductor. La pregunta más recurrente que podría generar el anterior comentario es: ¿cómo lo logró? Fácil: porque creen en él. Sin creer de nada sirve preparar un trabajo táctico, si los jugadores no están convencidos de ese trabajo, no van a lograr una victoria. Sin creer no hay un compromiso real. Sin creer no hay aprendizaje. El mostrar todo un menaje de conocimientos tácticos, técnicos, físicos no tienen valor si ellos ven al entrenador como una persona en la cual no se puede confiar. Los objetivos que proponga el técnico solo se dan si hay una conexión emocional entre jugadores y él. José tiene ese vinculo con el grupo. 

Creer es trabajar por un objetivo común, aún a costa de derrotas, críticas y sin sabores. La credibilidad se gana, el compromiso es libre, al futbolista le atraen las metas propuestas hechas por alguien confiable y carismático. Para entrar en el mundo del jugador se requiere hablar el mismo idioma y en eso nuestro seleccionador es experto. José Pekerman ha hecho de este grupo de jóvenes un equipo cohesionado, lleno de valores humanos, respetuosos de la sociedad, comprometidos con el país, conscientes de una responsabilidad con el fútbol y sus clubes, dignos de admirar y seguir con afecto, merecedores de todo nuestro respeto y orgullo. Para alcanzar un sueño se necesita que alguien crea en ti, pues bien, los sueños de José son los sueños de este grupo maravilloso. Este partido contra Inglaterra fue una prueba fehaciente de todo lo que los jugadores creen y quieren. En ustedes muchachos no solo creemos, los queremos.

Gracias por su maravillosa actitud, solo sentimos orgullo.




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