domingo, 24 de junio de 2018

LAS ILUSIONES DE UN PAÍS


Cuando en un país millones de aficionados al fútbol exigen de su selección la clasificación a un Mundial, por la mente de cada uno de los jugadores convocados pasarán sentimientos disímiles: alegría por la convocatoria, preocupación por la presión; ilusión por lograr el objetivo deseado, temor por una posible derrota; complacencia por hacer lo que más le gusta, responsabilidad por lo que está en juego.

Pues bien, sea cual sea su pensamiento, hay algo que el jugador seleccionado siempre tiene en cuenta cada vez que lo llaman a representar a su país: reconocer para quién y por qué está jugando. Lo hace para sus padres, sus hermanos, su esposa, sus hijos, en fin, lo hace por lo que representa cada uno de los anteriormente mencionados: lo hace para el pueblo. Y lo hace, además, en busca de que las ilusiones del país no se desvanezcan. Se lucha para que en el campo de juego esas ilusiones colectivas se transformen en una realidad. Debe tener claro, eso sí, que ningún interés particular -ya sea de equipo o individual- debe estar por encima de los intereses de un país. Cuando va a comenzar un juego de Selección y se escucha el Himno Nacional, quedan atrás los intereses personales. Ahí sí, como afirmaba Albert Camus, se siente La Patria.

Entre tanto, para el seleccionador del país, la sensación de trabajar cada dos meses o a lo sumo cada mes, por espacio de tres días, con un grupo de jugadores es más frustrante que la que sienten los técnicos de los equipos cuando esos mismos seleccionados se alejan durante esos tres días. ¿Por qué? Simplemente porque uno quisiera tenerlos en períodos largos que permitan la planificación minuciosa de los compromisos. Todos tratamos de dar lo mejor de nosotros por alguien por quien luchamos. En ese tema no hay diferencias: tanto los entrenadores de clubes como los de selección lo hacemos con cariño por esos muchachos que juegan tan bien al fútbol.

El compromiso de un Mundial es inmenso para jugadores y para técnicos. Para ellos, en la cancha. Para el entrenador, en especial en la convocatoria, en el acierto de llamar a los mejores, vengan de donde vengan, de cualquier región o de cualquier equipo. Ya lo decíamos, los intereses del país están por encima de cualquier otro interés. Aunque despierta controversias, la escogencia de los jugadores es una enorme responsabilidad del técnico, pero al mismo tiempo un derecho. Un derecho irrenunciable que el estratega asume con criterio y con la única ilusión de dar todo por el país.

Hoy el seleccionado colombiano está con una presión altísima por este partido frente a los polacos, con la ilusión intacta, con deseos de hacer lo que más le gusta y respondiendo con seriedad ante una exigencia de todo un país. El deseo de todos los jugadores del seleccionado colombiano es que nos contagiemos de su carácter y atrevimiento: los invito a crear hoy, especialmente hoy, una epidemia de buena energía y positivismo. Estos chicos se lo merecen.

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