martes, 22 de septiembre de 2015

EL MAESTRO, EL PADRE Y EL COMPAÑERO

EL MAESTRO

No estaba buscando al maestro y aun así él me escogió como alumno. Yo estaba ahí, divagando entre elegir reiniciar mi carrera de Contaduría que la había suspendido para dedicarme al fútbol profesional o empezar una nueva: Preparación Física.

Ya sentía que mis días de futbolista activo se estaban acabando.

Pocos días después de quedar campeones de la copa libertadores de américa en 1989, recién había llegado a mi casa luego del entrenamiento de la mañana, llamó a mi casa y me invitó a almorzar.

Cuando terminamos de degustar los alimentos, me lanzó sorpresivamente la propuesta: Quería que yo lo reemplazara a él en el cargo de entrenador del Atlético Nacional mientras estuviera entrenando la Selección Nacional de Colombia que iba a jugar las eliminatorias para el mundial de Italia 90 (por esos tiempos la clasificación se definía en 4 meses).

Luego de restablecerme de la sorpresa y una vez acepté su oferta me dijo algo que me dio absoluta tranquilidad: “no te preocupés; si ganás ese triunfo es tuyo, si perdés esa derrota es mía”.

Desde ese día hasta hoy él no ha dejado de ser mi maestro y yo no he dejado de ser su alumno, me dio todo lo que tenía para darme: sus consejos, su apoyo, su compañía, su solidaridad, sus regaños. Siempre he sentido su presencia aun cuando estemos a mucha distancia.

Francisco Maturana ha sido un bastión importantísimo en mi vida deportiva, un faro, un referente.

EL PADRE

Eran mis primeros pinitos como jugador aficionado, fui elegido como representante de la selección juvenil de fútbol de mi departamento (Antioquia) para jugar el campeonato nacional.

El momento económico en la familia no era el mejor, mi padre que había trabajado toda la vida de 8 de la noche a 4 de la mañana como mecánico textil, un buen día quedó desempleado pues la empresa en donde laboraba entró en quiebra y como consecuencia de ello nuestro mercado careció de muchos alimentos pues no había dinero para poder comprarlos.

Mi entrenador en la selección de Antioquia siempre buscaba estar al tanto de todo lo que rodeaba a sus jugadores: los estudios, la familia, el barrio donde vivíamos, etc. Para él no era solo el futbolista, era el ser humano.

Se dio cuenta de mi situación, y desde ese día hasta cuando mi papá se volvió a emplear me invitaba a almorzar a su casa, siempre había un plato para mí en su mesa.

En los años que fue mi entrenador, en cada entrenamiento y en cada partido yo le entregué lo máximo de mi esfuerzo al hombre que me vio primero como una persona y luego como futbolista.

Siempre fue un entrenador diferente, no solo me enseñó a jugar fútbol. Humberto “Tucho” Ortíz me ayudó a crecer como hombre. Él ha sido y será como un padre para mí por todo lo que me dio en los momentos que yo más necesitaba.

EL COMPAÑERO

En un equipo fuimos compañeros, en otros tres fui su entrenador y en una selección fue parte de mi cuerpo técnico y la sensación que siempre tuve de él era que aunque fuera el mejor jugador del equipo, lo más importante para él era el grupo.

Cuando yo era el entrenador del Aucas, un equipo ecuatoriano al que le tengo un profundo cariño y agradecimiento, tenía un jugador de magníficas condiciones, un muchacho noble pero con un problema grande: su dependencia al alcohol.

Este jugador era una gran preocupación para el cuerpo técnico, para sus compañeros y sobre todo para el líder del equipo que tenía una vigilancia especial para con él y aun así siempre caía en esos actos de indisciplina.

Aunque tenía una gran técnica y se había acomodado en el juego del equipo muy bien, era por su carisma que el grupo le tenía un gran aprecio y por eso le “perdonábamos” sus actos.

Cuando la paciencia se me acabó con mi problemático jugador, al primero que recurrí para informarle de mi malestar fue a la estrella del equipo y le dije que iba a sacar del equipo al borrachín.

Él montó una obra para salvar nuestro jugador: yo reuniría al grupo y después de la charla con regaño y enojo incluido tomaría la decisión de sacar del equipo al indisciplinado. Luego de todo esto mi compañero de la obra abogaría por él pidiéndonos al cuerpo técnico que nos retiráramos para que solo los jugadores hablaran con el acusado. La finalidad era buscar el compromiso del indisciplinado con sus compañeros y así quedar bien en todo: no perder un buen jugador y salvar la disciplina del equipo.

Idea extraordinaria de René Higuita, compañero fiel en los equipos en que estuvimos juntos; Atlético Nacional, Sociedad Deportiva Aucas, Deportivo Pereira y La selección de Ecuador. En todos y en cada uno de estos grupos fue tan solidario con mi trabajo que en muchos casos me salvó de situaciones difíciles dentro de la cancha o fuera de ella.

El maestro creyó en mis capacidades, el padre me apoyó en momentos difíciles y el compañero fue solidario con mis objetivos.

Sin Pacho, Tucho y René siendo parte de mi vida no habría podido crecer como ser humano.

Por eso estas palabras sentidas: Mil gracias amigos.   

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