jueves, 22 de diciembre de 2011

EL PODER DE LA SENCILLEZ

Conocí a Luis Fernando Montoya por allá terminando los 80 cuando los dos estábamos trabajando con juveniles. Me impactaron tanto su sencillez y tranquilidad hasta el punto de creer que esas virtudes serían muy útiles para manejar niños. Sin embargo, tuve mis dudas acerca de su valía cuando se tratara de manejar gente mayor.

En 1999 coincidimos en el Atlético Nacional. Yo, dirigía el equipo profesional y él seguía trabajando con los juveniles, con lo cual corroboraba mi apreciación acerca de Luis Fernando y su forma de ser.

Un año después los dos pasábamos por momentos difíciles: los míos, en calidad de desempleado, producto de una muy mala campaña del equipo que dirigía y los de él, porque estaba relegado a un puesto muy inferior en ese mismo Atlético Nacional debido a algunos movimientos extraños y soterrados por parte de quienes por ese entonces eran sus compañeros.

Lo sentí tranquilo y feliz de estar trabajando con esos muchachitos. Sin embargo seguía pensando que tanta sencillez estaba actuando en su contra.

Luego dirigió al Atlético Nacional grande. Lo llevó a un subcampeonato con un equipo que no merecía ni clasificar a la liguilla final. Para el siguiente torneo, sorpresiva e injustamente, no fue contratado.

Ratifiqué mis “sospechas”: su sencillez siempre lo traicionaría.

Un nuevo encuentro tuvo lugar en un viaje que los dos hacíamos desde Colombia hacia Ecuador; yo, como técnico del Aucas y él, como el flamante campeón de Colombia con su equipo el Once Caldas. Estaba recorriendo el camino para conseguir la Copa Libertadores de América.

Lo estaba logrando con la misma característica que yo consideraba su lastre: la sencillez.

Cuán equivocado estaba cuando confundía esa sencillez –gran virtud para la vida y que todos deberíamos poseer- con un defecto que ya a mí me había causado problemas: la pasividad.

Hoy le pido a Dios por un milagro en ese maravilloso ser humano que es Luis Fernando Montoya. Después, cuando lo reencuentre, le pediré el enorme favor de que me enseñe los secretos para ser un hombre sencillo.

De visita en Medellín, luego de tan lamentado ataque, fui a visitarlo. No pude, por obvias razones, acercarme a verlo. Le dejé una nota, escrita con el corazón y como testimonio de mi sentimiento hacia un hombre que hizo de la sencillez la esencia de su grandeza:

“Luis Fernando: lo admiro, lo respeto y lo quiero mucho. Sienta toda mi fuerza positiva”.

Hoy siete años después no sólo pienso en Luis Fernando como un ejemplo de sencillez, siento toda esa fuerza positiva que irradia un ser que superó todo... él es el poder de la superioridad. 

1 comentario:

  1. Me agradan sobremanera estas líneas del Profe Luis Fernando Súarez. Lo considero una excelente persona. Tuve la oportunidad de conocerlo en Costa Rica, en 2007, cuando él acompañaba la Delegación Sub 17 de Ecuador que participaba en un Cuadrangular Amistoso (Perú, Costa Rica, Ecuador y Panamá). En ese momento yo era el Técnico de la Sub-17 de Panamá que participaba en el Cuadrangular Internacional. Desde ese momento lo admiro como entrenador, porque me impactó su sencillez y don de gente. También admiro al Profe Montoya porque esa sencillez que emana de su persona, para mí, es el reflejo de alguien que sabe, alguien que es un conocedor profundo de la Metodología de la Enseñanza del Fútbol. El Profe Montoya además de poseer una inmensa cantidad y calidad de conocimientos futbolísticos, tiene el Don Divino de saber transmitirlos y explotar al máximo el potencial de sus jugadores. Prueba palpable de ello es hasta dónde llevó al Once Caldas.
    En cuanto al Proife Suárez, no tenemos la menor duda de que llevará a Honduras nuevamente al Mundial 2014. Pero para la obtención de dicho objetivo, el pueblo hondureño debe apoyarlo y dejarlo trabajar. Exitos al Profe Suárez y mis respetos. Carlos Walcott (Técnico de Fútbol, Ciudad de Panamá).

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