lunes, 31 de octubre de 2011

“DECISIONES: TODO CUESTA”

“La forma de felicidad que necesito, no es tanto hacer lo que quiero, sino de no hacer lo que no quiero.”
                                                                                                                      J. J. Rousseau

El libre albedrío, que es definido como la facultad de actuar sobre la influencia única y exclusiva de nuestra voluntad, no existe.

El estudio de las intenciones nos muestra que ciertos actos se deciden sin que los sepamos. El registro de corrientes cerebrales nos indica que durante algunos cientos de milisegundos, ignoramos que vamos a realizar un acto, aunque nuestro cerebro ya lo sabe. Después tomamos conciencia de esta intención de actuar y sólo entonces decidimos llevarla a su término o detenerla, enviando una señal de bloqueo. Debemos ejercer el “derecho de rechazar" lo consciente.

Este derecho que nos asiste, nos lleva a concluir que aunque no somos libres para decidir, sí lo somos para rechazar. Disponemos de 200 milisegundos para intervenir e interrumpir los comandos.

En resumen, la actividad cerebral que se denomina de “potencial de preparación motriz " aparece milisegundos antes de que el sujeto tome conciencia de actuar. La toma de conciencia precede a la propia acción y es durante este período en el cual es posible frenar la acción. La conciencia no puede iniciar la acción, pero puede inhibir o detener la misma.

El ejercicio de nuestro libre arbitrio se limitará al derecho de recusar o rechazar.

Tomar decisiones (o recusar una decisión) es algo que estamos en la obligación constante de hacer en nuestra vida cotidiana.

En la posición de entrenador nacional, la elección de un grupo de jugadores nos puede llevar a la impopularidad. Incluso, por no complacer a todos, algunas personas te pueden llegar a odiar.

Afortunadamente la popularidad es efímera y superficial.

No nos podemos dejar seducir por el deseo de ser apreciados. Por eso el entrenador debe establecer el control por adelantado, debe sentirse sereno y estar preparado. Debe prever los reveses y haber pensado en opciones para responder a la pregunta fácil: ¿Por qué no llamar al jugador “X”?

La mente del entrenador debe estar preparada para nunca quedarse en blanco y lista para cuando los medios lo acribillen con preguntas angustiosas y  tener las respuestas inteligentes dirigidas a quien las exija.

Para esto lo importante es que el entrenador sepa para dónde va. Para ello debe tener todos los detalles previstos con el fin de que nada salga mal. En una palabra, debe visualizar su proyecto.

Ese proyecto debe ser como el de una película en la cual él, siendo su director, maneje todo lo concerniente … desde el libreto, el guión, el guión técnico, la posición de las cámaras, la iluminación, las dimensiones del foro, el vestuario, el diseño de producción, la producción, la edición, el sonido, entre muchos otros aspectos.

Aspectos tan importantes como el de escoger autónomamente sus actores.

Saber exactamente lo que se quiere le puede permitir al entrenador, entre la planeación y la ejecución, estar completamente inconmovible.

 Rubén Blades lo escribió en una novela de tres minutos:

“Decisiones, cada día
Alguien pierde, alguien gana, ¡ave maría!
Decisiones, todo cuesta
Salgan y hagan sus apuestas
¡Ciudadanía!”

YO APUESTO A RECHAZAR MIS DECISIONES 200 MILISEGUNDOS ANTES

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