viernes, 16 de septiembre de 2011

REGLA DE TRES SIMPLE

Hace poco hablaba con un hincha acerca de los problemas del fútbol hondureño. Una vez avanzamos en el análisis y en el diagnóstico, se atrevió a plantear su solución. Para él es simple: Los equipos deberían buscar sus jugadores en los más prestigiosos centros de formación académica del país. Con ello se resolverían todas las dificultades.
Tenía argumentos de peso en sus razones. El más importante consiste en señalar que la educación, en las naciones desarrolladas, es la base para construir la excelencia aún en el campo deportivo.

Fácil: a mejor educación, mejores jugadores.

Lo que se le olvidó al bien intencionado fanático es que estamos en un país en el cual el nivel del analfabetismo alcanza el 18%. Es decir, todavía hoy, casi uno de cada cinco hondureños no sabe leer y escribir. Y aunque la enseñanza en la primaria ha mejorado en sus promedios de cobertura, en los sectores de secundaria y universidad la brecha entre los pocos que pueden lograrlo y los que no, es cada vez más grande.

Es decir, que la solución sacaría de la posibilidad de jugar profesionalmente a la mayoría de los hijos de los campesinos, obreros y pequeños comerciantes que nunca han accedido a la educación secundaria y mucho menos a una universidad.
De otro lado, Honduras es un país en donde el 50.7% de su población vive por debajo de la línea de pobreza. El fútbol ha sido patrimonio de las clases populares que ante una decisión de elitizar el acceso al balompié de alta competencia, sentirían que les están arrebatando lo único que sienten como propio y el que tal vez es el único camino posible de ascenso social.
“En el nuevo mundo la distancia ya no separa a un país del mejor fútbol, eso solo lo hace la pobreza”, sostienen Simon Kuper y Stefan Szymansky en el muy buen libro titulado “El fútbol es así”, al cual ya me había referido en este mismo blog en una entrega anterior. No podemos hacernos una idea apocalíptica de la situación pero sí debemos darnos cuenta de que el futbolista del tercer mundo debe hacer un esfuerzo mayor para acomodarse al primer mundo.
Vivimos en países pobres, eso no se puede negar. Lo que no podemos aceptar es que no se haga un esfuerzo para que nuestra educación sea mejor, entendiendo que no siempre educación e instrucción van de la mano. El hecho de no tener acceso a una Universidad no significa que esa circunstancia nos exime de avanzar en el proceso educativo a través de los más variados caminos.
Esa lucha por una mejor educación a todos los niveles debe ser una estrategia prioritaria desde todos los sectores público o privado con el fin de que podamos avanzar por el camino del desarrollo sostenible.
Nuestra labor, y aquí incluyo a todos los entrenadores que habitamos en este hermoso país hondureño, es ser parte de los formadores de personas de bien que consigan, aún luchando contra todas esas desventajas de pobreza y exclusión, que nuestros futbolistas sean mejores personas y que, por regla de tres directa, sean mejores deportistas.
Por la gente buena de este país, todos debemos hacer el esfuerzo.

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