lunes, 20 de junio de 2011

EL FÚTBOL QUE ME GUSTA

Estas líneas las escribí para la graduación de mi postgrado en Marketing deportivo en el Johan Cruyff Academics International (MINAF) a finales del 2008.

Hoy me sigue pareciendo  que los valores por las cuales defiendo el fútbol siguen siendo lo más importante.


Acaba de perder el equipo que dirijo  fuera de casa. Se jugó muy bien: remates en los palos, pelotas salvadas en la raya por presurosos defensas, opciones desperdiciadas en forma increíble. Al final, los medios de comunicación dan como figura al arquero contrario. Pero perdimos. Y lo que es peor, en el último minuto con un centro desde una zona donde no se puede creer que haya posibilidad de un pase. Nos cabecearon y gol. ¿Equivocación defensiva? No sé, no importa…. igual perdimos.

Ahora mi obligación, como técnico es responder todo lo que se viene, el por qué de los cambios. O el por qué de los no cambios. O el por qué fue tan ofensivo. O el por qué del egoísmo del fulano. O el por qué Mengano no estaba “concentrado”.

Y como si fuera poco, en ese clima de confusión, la consideración de alguien me deja perplejo:

“El partido se perdió, señor entrenador, porque usted es muy buena persona”.
 “¿Y que tiene que ver lo uno con lo otro”?... pregunto yo.
“Claro, si usted, faltando un minuto para concluir el juego, hace un cambio para quemar tiempo, seguro no le habrían hecho el gol a su equipo. Pero como usted es tan buena gente no quiso hacer esa trampita”.
Le pregunto a mi interlocutor si esas mismas consideraciones las estuviera haciendo en el caso hipotético de que, en ese mismo partido, el arbitro hubiera visto gol nuestro en una acción en la cual la pelota pareció entrar después de pegar en un palo y salir cerca al otro”.
“Indiscutiblemente que no” respondió el otro.
¿Qué preguntas se harían, qué notas recibirían los jugadores después de tan gran faena en tierras extrañas y hostiles, si eso gol no visto nos hubiera dado el triunfo?

¡Qué grandes diferencias existen en los conceptos emitidos, según se gane o se pierda, acerca de un mismo partido!

Y aquí es donde quiero dejar claridad respecto a lo que me gusta y lo que no:

Me gusta el fútbol de Valdano: el que escribe, el que enseñó como técnico y el de dirigente  porque es coherente.
Me gusta el fútbol que escriben los Soriano, los Galeano, los Camus porque lo que escriben de fútbol es el mismo con el que sueña el aficionado.
Me gusta el Fair Play y admiro a quien lo practica en la cancha.                           Me gusta el fútbol de humor de Fontanarrosa, porque el fútbol es alegría.
Me gusta el fútbol que nos hizo practicar Francisco Maturana, porque es autónomo.
Me gusta el fútbol de Guardiola porque respeta los jugadores y más respeta a sus rivales.

No me gusta el fútbol pragmático y solo de resultados.
No me gusta el fútbol con trampas y de jugadores tramposos.
No me gusta el fútbol con goles hechos “con la mano de Dios”, aunque eso represente ganar un mundial.
No me gusta el fútbol donde se pondera más la viveza criolla que la malicia indígena.
No me gusta el fútbol donde se gane con mañerías.

La verdad, me gusta el fútbol que diga algo más que un simple resultado y considero importante que esa sea la base estructural desde donde luchamos para hacer realidad el objetivo coyuntural: llegar a los puntos mas altos a nivel mundial ya sea manejando un club o una selección nacional.

No solo me gusta el qué… me gusta el cómo y siento que ese cómo nos debe hacer saber que vamos por el camino correcto.

Y la última: quiero llegar a ser un buen técnico de fútbol. Pero si para ello tengo que traicionar mis principios e ideales, prefiero no serlo.

El fútbol verdadero es ganar… pero ganar en todo, incluso como persona.



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